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Leyendo Sobre la televisión de Pierre Bourdieu me ha dado dos o tres cachetadas de cruda realidad que me han puesto a reflexionar profundamente. Pensamos que dentro del periodismo tendremos libertad de pensar, analizar y crear, pero la realidad es que los que entren (o entremos) de verdad al journalism estaremos a disposición de un editor, un jefe, un presidente, un medio, un patrocinador… y así la escalera se va haciendo más larga y grande, y hasta mero abajo está la labor del periodista, acotado por factores externos. Y es que Bourdieu no descubre el hilo negro, pero su análisis es muy pertinente: el periodismo no es una actividad cualquiera, dado a su relevancia y trascendencia en la sociedad, pero si está regida a los factores económicos y de poder político como cualquier otra profesión.
El periodismo es una de las profesiones en las que hay más personas inquietas, insatisfechas, indignadas o cínicamente resignadas, y en la que es muy común la expresión (sobre todo entre los dominados, por supuesto) de la ira, la naúsea o el desanimo ante la realidad de una profesión que sigue viviendo o reinvindicando como <>. Pero estamos lejos de una situación en la que despechos y rechazos pudieran convertirse en una auténtica resistencia, individual y, sobre todo, colectiva.
(…) Éste es uno de los motivos por los que los periodistas son a veces peligrosos: como no siempre son muy cultos, se asombran de cosas qu eno tienen nada de extraordinario y permanecen indiferentes ante otras que son absolutamente portentosas…
Los periodistas -habría que decir el campo periodístico- deben su importancia en el mundo social a que ostentan el monopolio de hecho de los medios de producción y difusión a gran escala de la información…
No hay discurso (análisis científico, manifiesto político, etcétera) ni acción (manifestación, huelga, etcétera) que, para tener acceso al debate público, no deba someterse a esta prueba de selección periodística, es decir, a esta colosal censura que los periodistas ejercen, sin darse cuenta, al no retener más que lo que es capaz de interesarlos, de <>, es decir, de entrar en sus categorías, en sus esquemas mentales, y condenar a la insignificancia o a la indiferencia a expresiones simbólicas merecedoras de llegar al conjunto de los ciudadanos.