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Intolerancia


Intolerancia (15/06/2006)


Así precisamente tituló Soledad Loaeza su artículo en La Jornada. Como otros periodistas, columnistas y articulistas, Loaeza comenta algunos de los insultos que ha recibido a través del correo electrónico respecto a su postura política en estas elecciones.

Incompetente, deshonesta, retrasada mental, execrable son algunos de los adjetivos que me dirigen lectores que se indignan por las opiniones que he expresado acerca de Andrés Manuel López Obrador. También me han dicho que si no me gustan una ciudad o un país por él gobernados que mejor me largue. De manera inevitable evocan a Francisco Franco, quien decía que en España no había espacio para quienes no pensaban como él, y advertía: "El destierro o el entierro".

Las reacciones enfurecidas a mis juicios a propósito de López Obrador no son nuevas; llegaban a mi correo electrónico desde que el candidato perredista era jefe de Gobierno, pero en los últimos meses se han intensificado y ha aumentado el número y el tono exasperado de quienes los escriben. Para que no haya ninguna duda acerca de su determinado y estentóreo repudio, los simpatizantes del candidato López Obrador escriben los insultos con mayúsculas o los acompañan de series de signos de exclamación. No quieren entablar un intercambio civilizado de diferencias de opinión, me descalifican porque me consideran intelectual y moralmente inferior.

Soledad Loaeza, La Jornada 15 de junio de 2006



Me parece pertinente "denunciar" este tipo de intolerancia política que, ojala y no, se puede traducir en un ambiente de violencia y crispación frente a un resultado adverso (para cualquiera). Pero este mismo tono belicoso del que habla Loaeza lo han fomentado los candidatos, los tres. "La radicalización del tono de los dos punteros en esta contienda presidencial impone una visión binaria de nuestras opciones".

"(...) los mexicanos no hemos aprendido a vivir con la diferencia política", dice Loaeza y tiene razón. A seis años de la transición democrática parece que falta lo fundamental: fomentar una culutra política democrática en los ciudadanos.



El verdadero as bajo la manga


El verdadero as bajo la manga (15/06/2006)


Hace unos días mencioné que la llegada de Claudia Sheinbaum a la campaña de López Obrador había impulsado una ofensiva pejerredista (como dice Julio Hernández) contra los constantes ataques de la campaña de Calderón. Un error de cálculo tal vez, pero el verdadero as bajo la manga que hoy por hoy tiene la campaña de López Obrador es el tan discutido caso de Hildebrando, el cuñado incómodo.

Sheinbaum se ha convertido en la vocera especializada, por decirlo de alguna manera, y en una de las voces en medios para debatir, explicar y contrastar las posturas y ataques provenientes de la campaña de López Obrador. Hoy (de hecho ayer, ya es tarde) Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal nos da a conocer que lo de Hildebrando va más allá de un simple golpe bajo. El caso se ha convertido en un arma amenazadora que, por lo menos, impone a su adversario político mesura ante la campaña hostil. Como si fuera una especie de arma de "venganza", palabras más palabras menos dicho por el propio Obrador en el debate, el caso del cuñado incómodo en específico, y el tráfico de influencias en la administración foxista-sahagún en lo general, además de rendir frutos en las preferencias electorales es un punto de negociación política ante un eventual triunfo electoral.

Información interna de la campaña de López Obrador permite asegurar que la documentación le fue pasada hace poco más de un mes y medio a su principal consejero económico, Rogelio Ramírez de la O, procedente de un funcionario en la Subsecretaría de Ingresos en Hacienda, aparentemente para tratar de quedar bien con quien perciben muchos -quizás equivocadamente- que sería el responsable de las finanzas en un eventual gobierno lópezobradorista. Esta documentación no se limitaría a copias de las páginas de Compranet, el sitio del gobierno federal donde se pueden consultar las compras y los gastos, como están asegurando los voceros panistas, sino que llega a las entrañas de los estados financieros de Zavala.

Cuando llegó la información y se la presentaron a AMLO, el candidato optó por no utilizarla y mantenerla en reserva. Una pequeña parte de lo que les llegó se la proporcionaron a su vocero, La Jornada, cuyo talante militante que le ha restado credibilidad, impidió que generara el daño político que pensaban. Por qué razón la empleó durante el debate, no requiere de mucha ciencia: en vísperas del arranque del Mundial de Futbol, cuando la atención sobre las campañas gira hacia el deporte, un golpe en el último momento a Calderón, quien se mantenía arriba en las preferencias electorales, podría causar daño estratégico al ya no disponer de atención suficiente en los medios electrónicos para defenderse. Este golpe, empero, no parece haber ido dirigido al corazón del electorado panista, pues si uno se atiene a las mismas encuestas, tanto en el caso de Calderón como de López Obrador, parece que el electorado ya descontó la campaña negativa recíproca y mantiene sus preferencias por ambos, sin importar el lodo que caiga sobre de ellos, por encima del 30%.

López Obrador cuenta con mucho más información de lo que apenas han dejado entrever que poseen. Demuestra tráfico de influencias y debilidad en el aparato de procuración de justicia. Enseña que no sólo él o los priístas, a quienes se han dirigido todos los cañones acusándolos de corrupción, tienen problemas de esta naturaleza. Pero, en términos estrictamente políticos, afloran las contradicciones, ya agudizadas, en el aparato de poder. Llama la atención que en todo el affaire Hildebrando, el PAN, su partido, no haya hecho una defensa apasionada. Extraña asimismo la civilidad con la que se han comportado, mutuamente, López Obrador y el secretario de Hacienda, Francisco Gil.

En este último caso existe una negociación tras bambalinas entre las dos partes a través de un intermediario confiable para Gil y la campaña de López Obrador, según afirman en el cuartel del perredista, donde el secretario de Hacienda ofreció no escalar un conflicto contra él -después de todo, no gana nada, pues al terminar esta administración se va de profesor a la Universidad de Stanford-, a cambio de que tampoco la tomen contra él. En el caso del PAN, desnuda el conflicto entre Calderón y el presidente del partido, Manuel Espino, que tiene como aliados tácticos a parte de las familias que eran dueñas del partido y que estaban enfrentadas con las familias doctrinarias que ahora representa Calderón.

Raymundo Riva Palacio, El Universal 15 de junio de 2006



Mención aparte merece el dardo envenenado que Riva Palacio le tiró a La Jornada.








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