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EL recurso del spot como eje primordial de campaña en un país como el nuestro resulta por lo menos natural al tener tal concentración de medios electrónicos. El duopolio televisivo, fortalecido luego de la aprobación de la llamada Ley Televisa por senadores del PAN y el PRI en su mayoría, tiene un poder real sobre la vida política mexicana.
Las campañas políticas en México, a diferencia de lo que puede ocurrir en otros países, se basan en el spot televisivo. Pero lejos de ser un anuncio que proponga algo, gracias a los publicistas que ha contratado principalmente el PAN desde la campaña del 2000, se han especializado en el golpe al adversario. Antes, lo vimos con Fox hace seis años, se denostaba al candidato opositor; hoy se denosta y además se miente. De mal en peor.
Como si les diera vergüenza mostrar que ellos fueron los que pagaron por el anuncio, tanto los panistas, quienes fueron los que tiraron la primera piedra, como los perredistas (normalmente anuncios pagados por los congresistas de ambos partidos o por los mismos partidos para dejar inmaculada la imagen del candidato) dejan ver por unos nanosegundos su autoría en un fondo negro con letras blancas. Primero el ataque, luego la burla, después la mentira y al final ahuyentar al voto. Arma de doble filo porque resulta contradictorio llamar "democráticamente" al voto cuando se recurre al miedo para ahuyentarlo.
Luego de la criticada pasividad del IFE ante la descarada campaña negativa y mentirosa del PAN, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) resolvió que se retirara por lo menos cinco spots en contra de Andrés Manuel López Obrador con la burda leyenda de "un peligro para México". Bueno, pues tal resolución resultó igual o más criticada que la pasividad de Luis Carlos Ugalde, árbitro de la contienda electoral.
Hasta el momento no conozco ningún estudio que pueda demostrar alguna relación con la variación, o no, de la intención de voto de "x" candidato luego de ver un anuncio negativo. Tampoco hay predicciones de variación en los niveles de participación luego de una campaña electoral caraterizada por el desprestigio, la mentira y el miedo. Para rematar se cruza el Mundial de Fútbol con la recta final del proceso electoral. Tampoco hay estudio o predicción de lo que pueda afectar/beneficiar.
Calderón, un especialista en chistes nonatos, se concentra en su oficio de exorcista ("Y cuando se repita 135 mil veces mi spot del peligro para México, mi enemigo se disolverá en un mitin a la vista de todos"), exhibe su deseo de inaugurar en fecha próxima su hipnosis de masas ("Bendecirá el acto Monseñor..."), y halaga a los tradicionalistas y al sector oligárquico que lo aclaman con sonrisas de malicia al final de cada una de sus agudezas pendientes. Tiene a su favor a los sinceramente convencidos de la negatividad de AMLO, a la oligarquía y a grupos de intelectuales que con horror denuncian a los otros intelectuales partidarios del "PPM" (Peligro Para México), esos que manchan el compromiso de neutralidad del gremio cuyo deber primordial es atacar el populismo y promover a quien no sea de izquierda ni del PRI. ¿Necesitan otros datos para identificarlo? A ver, nació en Michoacán, es muy conservador, es el primero y casi el único en reírse de sus chistes...
AMLO, "un peligro para México", es la cima de la campaña de odio tan costosamente divulgada a través de la red, y tan deudora de los métodos del Partido Popular español y de los mercadólogos de la derecha norteamericana. Esto conlleva riesgos. Uno, irremediable, es volver orgánica la histeria revanchista; otro es adoptar para siempre el infantilismo de la promesa tan esencial en el pensamiento (sé lo que digo) de Fox. Calderón promete y al cabo de sus ilusiones ya no hace falta que gobierne: "Mi gobierno será el de los jóvenes/ Mi gobierno será de pleno empleo/ Mi gobierno será el de la seguridad social/ Mi sexenio será el de la seguridad pública/ En mi gobierno se resolverá el problema de la pobreza...", todo lo que exige el contexto de un lema expropiatorio: "Mi sexenio será sólo mío"... ¡Ah! y será también de los beneficiados con la certeza: "Gobernaré con los panistas, no repetiré el error de incorporar a los extraños".
La derecha polariza a gusto, es decir, está convencida de que al País le sobra el amplísimo sector tan francamente estúpido que no percibe cuán peligroso es López Obrador, y va a votar por él, por el PPM. También no necesita en lo mínimo a la izquierda (y todavía dicen algunos de los defensores del PAN que son falsas las divisiones entre izquierda y derecha, como si su candidato no reivindicase fervorosamente a la derecha cada que demoniza a la izquierda). Por eso ha sido tan importante en la celebración del bicentenario del nacimiento de Don Benito Juárez la reiteración del Estado laico y la educación correspondiente.
Se ataca y sin reservas al TRIFE por ordenar el retiro de los spots, y se califica a voces el hecho como "atentado a la libertad de expresión". ¿De modo que es legítimo en una campaña expulsar al adversario de los terrenos de la civilidad y, con el presupuesto del IFE, que es de todos, señalar el gravísimo riesgo no sólo de que gane, sino de que exista? ¿Por qué tal belicosidad si lo que se quiere es un clima civilizado? Una cosa son los ataques de todos contra todos y otra la demanda pueril de que a un candidato y a su sector de votantes y simpatizantes se les expulse para siempre de la política y, por ser tan peligrosos, del País. Y ya no hagan "juegos de ingenio". Un peligro para México es una frase que en sí misma, y en una campaña electoral, tiene la información suficiente.
Carlos Monsiváis, Reforma 28 de mayo de 2006