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Como dijera Guillermo Ortíz hace unas semanas, el crecimiento económico en nuestro país ha sido dulcemente mediocre. En el quinto año de la administración de Vicente Fox se coloca por debajo, en comparación, de la de Salinas y Zedillo en materia de crecimiento:
Así por ejemplo, el promedio de crecimiento para Turkmenistán entre 2001 y 2005 será de 16%; de Kazajistán, 10.2%; de China, 8.8%; la India, 6.1%; Tailandia, 4.8%, y Chile, 4.3%, de acuerdo con pronósticos del Banco Mundial.
De 150 países en desarrollo, poco más de 120 presentan un crecimiento económico superior al de México en los últimos cinco años.
El Universal, 21 de diciembre de 2005
(Publicado en RegioBlogs)
La UNICEF, en su capítulo México con la representante Yoriko Yasukawa, presentó hace una semana los resultados de un estudio que midió el nivel de bienestar de niños entre 6 y 11 años. Nivel de bienestar entendido como: derecho a la vida, a la educación y a vivir sin maltrato ni violencia. En una esclala del 1 al 10, siendo el 1 lo peor y el 10 lo mejor, el organismo ubicó a cada uno de los estados de la república.
Los datos eran de esperárse; el sur y el norte, dos realidades, varios Méxicos. Mientras que Nuevo León tiene una calificación de 8.20 (la más alta), Chiapas obtuvo un deprimente 4.47 (la más baja). Esa es la realidad mexicana; el centro y noreste del país tienen niveles de bienestar superiores. Pero el problema es que esa superioridad es contrastante. La desigualdad y la pésima distribución de la riqueza, pero no sólo económica, entendida también en términos de la educación, salud, empleo, etc., son los grandes lastres sexenio tras sexenio.
Bien lo dice Yasukawa, Latinoamérica es la región más desigual e injusta del mundo. Tal vez por esa razón la región vive un boom izquierdista, popular y social. Como bien lo dijo el derrotado candidato Jorge Quiroga en Bolivia, con tanta pobreza es imposible ser de derecha. La tendencia es a la izquierda en países donde la mayoría de la población es pobre, por lo menos en América Latina. Y es que la oferta es sencilla y fácil de entender para la mayoría: garantizar el bienestar social con salud, educación y una distribución equitativa de la riqueza. No está en el discurso la estabilidad macroeconómica, la autonomía financiera o la participación del sector privado con el público en la explotación de los energéticos. Temas difíciles de entender que, a simple vista, no resuelven sus problemas básicos. Y es que en una democracia lo que al final cuenta es el número de votos.
El problema está en los cómos. ¿Cómo conseguir una distribución equitativa de la riqueza? ¿Cómo conseguir más empleos? Etc. Ese debate no se hace público, o no lo hacen público, los aspirantes al poder porque, bajo la perspectiva democrática de Shumpeter, la democracia es el gobierno del político. Una democracia instrumental en donde, esencialmente, se elige a los gobernantes. Y aquí es donde Chávez, Lula, Kirchner, Vázquez, Lagos y ahora Morales obtuvieron la ventaja: con un discurso (de izquierda) que convence a la mayoría cansada del status quo. Claro, hablando en términos muy generales porque existen realidades muy particulares en cada país (ej. Chile y Venezuela).
Así que ojo con lo que pase en nuestro país en julio próximo.
