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Pitchfork presenta algunas de las peores portadas en la música (faltan muchas). Como representante mexicano está Kinky con Atlas.
Gustavo Iruegas, subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores (dudo si todavía lo es por esto), conocedor de la diplomacia y las relaciones internacionales, resume en un artículo publicado en La Jornada la ineptitud y la soberbia con la que se conduce la política exterior en el gobierno de Vicente Fox.
En las calles hubo protestas populares encabezadas por Maradona -el astro del futbol colocado por sus hinchas en un lugar destacado de la épica argentina- en contra de la presencia del presidente Bush y del ALCA (lo que demuestra que la introducción del tema en las discusiones no era del todo inesperada). En ese episodio participó el presidente Chávez, quien atacó a su colega estadunidense y al ALCA con insultos y epítetos fortísimos, pero no sorpresivos, si recordamos que ha llamado a ese mismo personaje "pendejo" en discursos televisados. A esta algarada el presidente Bush reaccionó prudentemente considerándola como gajes de la democracia.
México no estuvo involucrado en el asunto hasta que el presidente Fox comentó a la prensa que los escándalos los atizaba un futbolista que debía ocuparse del futbol y no de la política. También dijo que el anfitrión de la reunión, el presidente argentino, no había dirigido los debates en atención a los participantes, sino para agradar a la opinión pública argentina. Del presidente Chávez dijo que, a diferencia de sus colegas del sur, rechaza tajantemente cualquier posibilidad de acuerdo comercial y también que era él mismo, el presidente Fox, el que estaba verdaderamente animado por el espíritu bolivariano. En una brusca respuesta, pero sin perder el estilo, el presidente Kirchner dijo al mexicano que se ocupara de los mexicanos y que de los argentinos se ocuparía él. Es muy importante hacer notar que la cuestión con Argentina se arregló por la vía fácil y correcta. Los cancilleres hablaron y acordaron dar por terminado el asunto. Simple y llanamente. No ha sido así en el caso de Venezuela.
Cuando el presidente Chávez llamó al presidente Fox "cachorro del imperialismo" y otras lindezas, el canciller mexicano no procuró a su colega venezolano para aplicar el procedimiento que había aprendido tres días antes. No. En este caso se siguió el camino largo y tortuoso. Se convocó al embajador venezolano para "pedirle explicaciones", es decir, pedirle que se disculpara en nombre de su gobierno. ¿Se olvidó el canciller de que en su propia casa, cuando una subsecretaria ofreció ella misma una disculpa por una falta de delicadeza del presidente Fox ante los negros estadunidenses, fue desautorizada desde la misma Presidencia de la República? No había explicación posible porque el embajador no podía decir ni que Fox se lo merecía ni que su jefe se pasó de la raya. El canciller mexicano lanzó un boletín de prensa declarando insuficientes las explicaciones del embajador. Enseguida llamó por teléfono a su contraparte venezolano y, según se anunció, trabajarían en buscar una solución. Hasta de un grupo de trabajo se habló, lo que es un verdadero disparate.
Después, el presidente Chávez desde su programa de radio dijo a su colega, "no se meta conmigo, caballero, porque sale espinao". Eso pareció insoportable al canciller mexicano, quien a primera hora dispuso que se emitiera un comunicado en el que, ahora sí, "...toda vez que las declaraciones del presidente de Venezuela atentan contra la dignidad del pueblo y gobierno mexicanos, México exige una disculpa formal del gobierno de Venezuela, en el transcurso del lunes 14 de noviembre. De no producirse esta disculpa, el gobierno de México procederá a pedir el retiro inmediato del embajador de Venezuela y a llamar al embajador de México en ese país, reduciendo el nivel de las relaciones al de encargados de negocios". Un verdadero ultimátum que de inmediato se desafió. Y ahora las relaciones estarán en manos de encargados de negocios y la comunicación severamente reducida.
La Jornada, 15 de noviembre de 2005