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Miércoles, 26 de octubre de 2005


NYT desprestigiado

Archivado en: periodismo | escrito por goleech | 10/26/2005 | 08:54




La libertad de la reportera del New York Times, Judith Miller, lejos de suponer una victoria para el periódico más importante en Estados Unidos ha desprestigiado su imagen ante colegas periodistas, pero sobre todo ante sus lectores.

El caso de Miller suponía ser, y parcialmente lo fue, una lucha a favor de la libertad de prensa, libertad de decir, o no, las fuentes que todo periodista tiene. Miller pasó 85 días en la cárcel con el apoyo a la causa de la libertad de prensa, tema de fondo. Pero, al salir en libertad luego de revelar su fuente, la reportera, y sobre todo el NYT, ha sido blanco de críticas. Maureen Dowd, columnista del NYT, publicó de manera brutal una crítica a su compañera:

Judy's stories about W.M.D. fit too perfectly with the White House's case for war. She was close to Ahmad Chalabi, the con man who was conning the neocons to knock out Saddam so he could get his hands on Iraq, and I worried that she was playing a leading role in the dangerous echo chamber that Senator Bob Graham, now retired, dubbed ''incestuous amplification.'' Using Iraqi defectors and exiles, Mr. Chalabi planted bogus stories with [Judy Miller] and other credulous journalists.

When Bill Keller became executive editor in the summer of 2003, he barred Judy from covering Iraq and W.M.D. issues. But he acknowledged in The Times's Sunday story about Judy's role in the Plame leak case that she had kept ''drifting'' back. Why did nobody stop this drift?

Judy refused to answer a lot of questions put to her by Times reporters, or show the notes that she shared with the grand jury. I admire Arthur Sulzberger Jr. and Bill Keller for aggressively backing reporters in the cross hairs of a prosecutor. But before turning Judy's case into a First Amendment battle, they should have nailed her to a chair and extracted the entire story of her escapade.

Women of Mass Destruction, octubre 22 de 2005




La críticia interna hacia Judith Miller no es más que el deslinde del personal del influyente periódico neoyorquino que, a medida que surge más información, ha sido fuertemente cuestionado por el gremio periodístico de Estados Unidos. David Brooks, corresponsal de La Jornada, describe y hace un recuento del caso Miller:

Vale recordar que el vicepresidente Dick Cheney, al lanzar la gran campaña para "vender" la guerra contra Irak en septiembre de 2002, citó las notas de Miller en el Times para reforzar sus argumentos de que el régimen de Saddam Hussein representaba una amenaza por sus armas de destrucción masiva.

Miller escribió varios reportajes sobre el tema de esas armas en momentos propicios para el gobierno de Bush. Entre sus fuentes claves estaba su amigo Ahmed Chalabi, entonces el iraquí favorito de los neoconservadores del Pentágono y la Casa Blanca, quien ofrecía información falsa a ellos, así como a Miller y otros periodistas, para promover la guerra contra su enemigo Hussein.

La Jornada, 26 de octubre de 2005





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