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Una agria pelea política evidencia la creciente polarización en México
CIUDAD DE MEXICO— Luchador, astuto y de clase trabajadora, Andrés Manuel López Obrador renunció recientemente a la alcaldía de esta extensa ciudad para aspirar a la presidencia de México.
Joven, elegante y de clase alta, Gabriela Cuevas está decidida a detenerlo. Cuevas, de 26 años, y miembro de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, le ha seguido los pasos a López Obrador durante los últimos cuatro años, tratando de empujarlo a cometer errores políticos. En la ciudad se le conoce como la "diputada demandona" por todas las demandas que ha interpuesto en contra del candidato presidencial de 51 años.
López Obrador puede postularse, pero no puede esconder sus antecedentes, dice Cuevas, quien pasa revisando gran cantidad de informes públicos de la ciudad en busca de municiones para sus conferencias de prensa semanales. En estas, critica la gestión de López Obrador por todo, desde la ola de secuestros en Ciudad de México, hasta la corrupción flagrante de los funcionarios de la ciudad.
"Si gana, tendré que irme al exilio", dice Cuevas. "El es muy vengativo." El antagonismo entre Cuevas y López Obrador se encuentra en el núcleo del drama político que se está desarollando en México a medida que el país se prepara para la elección presidencial de julio próximo.
Muchos mexicanos acaudalados ven a López Obrador como un radical peligroso. Pero los pobres, que son más numerosos, piensan que es grandioso. Su nivel de aprobación del 70% en Ciudad de México es resultado, en parte, de actos como dar US$ 60 en pensiones mensuales a los ancianos de la capital mexicana, sin importar sus ingresos. También ha sido reconocido por enfrentarse a banqueros ricos y por haber construido una espectacular autopista elevada alrededor de la ciudad. En las encuestas nacionales parece inalcanzable.
El resultado es una polarización política que comienza a imitar a las peligrosas divisiones que se registran en Venezuela, donde las clases media y alta se resisten a aceptar al líder populista Hugo Chávez y han tratado, sin éxito, de sacarlo del poder mediante un referendo y un golpe de estado en 2002. Chávez es ahora más popular que nunca ya que los pobres creen que está de su lado.
Cuevas saltó a la prominencia nacional mexicana en abril cuando pagó US$ 180 de fianza para prevenir que López Obrador fuera a la cárcel por una pequeña disputa de tierras. Bajo la ley electoral mexicana, una condena habría descalificado a López Obrador para aspirar a la presidencia. Pero Cuevas estaba convencida de que el alcalde usaría la condena, o incluso una noche en la cárcel, para presentarse como un mártir político.
Al no poder ir a la cárcel, el alcalde llamó airadamente a Cuevas y a otro diputado "cobardes y farsantes" y se dirigió a la oficina del juez para exigir que le devolvieran el dinero a Cuevas. El juez estuvo de acuerdo con el alcalde. Según juristas, esta situación marcó la primera vez en la historia de México en la que alguien acudió a un tribunal para pedir ser enviado a la cárcel.
Días después del intento fallido de Cuevas de pagar la fianza, medio millón de mexicanos marcharon en apoyo de López Obrador, cuyo prestigio estaba subiendo en las encuestas. El Presidente de México, Vicente Fox, rápidamente suprimió los cargos en contra de López Obrador, evitándole un juicio y despejando el camino para que aspirara a la presidencia. Por ley, Fox no puede buscar la reelección, pero está respaldando a un rival de López Obrador.
Incluso los mexicanos a los que no les gusta López Obrador vieron la oferta de Cuevas de pagar la fianza como un paso en falso, pero ella no se arrepiente. "Quiere ser el Gandhi de México, pero es un delincuente", dice. Un vocero de López Obrador dijo que el ex alcalde no comentaría sobre Cuevas, porque eso sería darle una importancia que no tiene.
Cuevas dice que decidió aumentar la intensidad de su cruzada después de que dos aliados políticos del alcalde fueron grabados en video, a principios del año pasado, llenando maletines con miles de dólares, producto de sobornos, a un contratista de la ciudad. El contratista, Carlos Ahumada, ha permanecido en prisión, mientras que los dos antiguos funcionarios de la ciudad están libres bajo fianza.
Ahora, la joven legisladora cultiva una red de informantes dentro de la burocracia de la ciudad, la cual le suministra las más recientes estadísticas sobre la ola de crímenes, datos que luego pasa a los reporteros.
Cuevas, que proviene de una familia acomodada y se educó en colegios privados, está decidida a exponer lo que asegura es un odio de López Obrador contra los mexicanos más blancos y pudientes. El año pasado, se presentó en un elegante traje negro para hacerle una serie de preguntas retóricas al alcalde después de que éste diera su discurso anual sobre el estado de la ciudad a la asamblea. Pero el alcalde, luciendo malhumorado, la ignoró.
El partido de López Obrador mantiene una mayoría abrumadora en la asamblea de la ciudad, que vota sobre los proyectos del alcalde. Con pocas esperanzas de pasar sus proyectos de ley, Cuevas ha presentado 10 demandas por separado en contra de López Obrador y más de 100 peticiones de información al ayuntamiento, incluyendo una que pide las cifras de los salarios de miles de trabajadores gubernamentales de la ciudad.
Ahora está planeando nuevos ataques, alegando recientemente que la ciudad está pagando demasiado por los millones de árboles que se están plantando en las calles de la ciudad. Cuevas cree que el dinero se está canalizando a la campaña de López Obrador, una acusación que sus consejeros niegan. "Esto es grande", dice ella. "Es arbolgate."
Por José de CordobaY David Luhnow
The Wall Street Journal
